La invasión de los Archaenides por Sergio Meier

Un torbellino de ideas, conceptos de la cultura popular nacional y extranjera, referencias librescas de vanguardia, extraordinarias teorías de la mente y el alma que desfilan por los labios de agentes humanos y biomecánicos de la represión…

Una tortuosa hidra de mil cabezas aullando en apretadas cien páginas.

Sergio Amira es un Dick intoxicado, escanciando algunas gotas de Burroughs y Aldiss con sus neuronas descalzas. Más que una imitación, una reencarnación chilena del Dick más místico y delirante de sus últimos tiempos. Conspiraciones tecnológicas y esotéricas, bajo cuya égida desfila la historia secreta de nuestra nación. La ominosa Compañía y el Protectorado Galáctico; masones, rosacruces y jesuitas, junto a nazis y fascistas criollos que adoran a la Virgen aparecida en el parabrisas que le salvara la vida a Pinochet…

El mesiánico satélite de “Valis” ahora es el mitificado satélite chileno FASat-Alfa, que dominando las ondas mentales parece explicar el contradictorio y casi nulo carácter de nuestro pueblo (¿acaso civiles y militares no han estado siendo manipulados inconscientemente por el satélite de la Compañía?). ¿Y quienes son en verdad los Archaenides, esos demonios ocultos tras la inaprensible realidad y que parecen controlarlo todo?

Lo mejor y lo peor de las vanguardias del siglo XX se dan cita en esta “nouvelle” claramente beatnik, con toda la psicodelia de los años sesenta, y que tuvo su correspondencia en la c-f con el llamado movimiento de la “nueva cosa”.

En “Identidad suspendida”, Amira rompe, copia, crea, une y arma un cuerpo refulgente de palabras, una verborrea con abigarrados destellos nihilistas, mefistofélicos… Diabólicos, en uno de sus sentidos más exactos.

La palabra en sí misma se ha convertido ahora en virus:

“Steinplatz afirma que el virus de mutación biológica, denominado Virus B-23, se encuentra contenido en la palabra. Liberar este virus de la palabra podría ser más mortífero que liberar el poder del átomo porque todo odio, todo dolor, toda lujuria, se encuentran contenidos en la palabra. Yo propongo la teoría de que un virus es una unidad muy pequeña de palabra e imagen y sugiero que esas unidades pueden activarse biológicamente para que actúen como tendencias comunicables del virus.” (pág. 11)

Además de esta temprana declaración, en esta novela, junto a otras revelaciones tan sorprendentes como que Leonardo Da Vinci viajó al futuro de la Tierra para convertirse en líder de unos insectos gigantes alienígenas, y que los Ronels han atravesado dieciséis universos en la búsqueda de una elusiva pintura impresionista, conoceremos los alcances de la obra más ambiciosa del arquitecto Joaquín Toesca: “un artefacto del tamaño de un edificio capaz de absorber la fuerza vital de quienes lo ocupaban y sobre todo, las potentes energías del conflicto, el odio y la ambición. Este edificio era no otro sino La Moneda. Y tal y como se sabe, el edificio fue terminado por Lorenzo D’Archangeli, discípulo de Toesca que, al igual que su maestro, era miembro de la Amphisbaena. D’Archaengeli llevó a cabo todas las instrucciones de su mentor, todas menos una: el sacrificio humano que serviría de llave para abrir las puertas de este mundo a los Archaenides… Ciento setenta y un años más tarde y mientras La Moneda absorbía todos los orgones desatados por el golpe militar, un valiente héroe se sacrificaba sin saberlo en el punto exacto donde las puertas de la percepción finalmente serían abiertas. ¿Nunca te has preguntado por qué dejaron sólo en La Moneda a Allende, por qué sus agentes no le prestaron ayuda tipo James Bond que sí demostraron para defender y entregar las armas escondidas en la embajada? Fue para propiciar el acceso de los Archaenides, que esclavizarían a la humanidad hasta la Segunda Venida.” (págs. 20 y 21)

Un desgarro cósmico. Un desgarro del alma y de la carne arrastrado por generaciones en el Multiverso.

Amira explora la locura de un país dividido por la política, la indolencia y la estupidez, en el que los agentes de la Compañía se persiguen por las calles de un Santiago post-dictadura aparentemente normal, pero en donde los nombres y las siglas históricas ya no son lo que creíamos: el legendario GAP (“Grupo de Amigos del Presidente”) ahora significa “Guerreros Autómatas Personales” y pueden alterar la forma del polímero dermo-mimético que cubre su cráneo de metal o hasta alimentarse por fotosíntesis…

Hambriento de nuevos dioses y hasta de su propia voz, la tortuosa erudición de “Identidad suspendida” puede servir de iniciación a los lectores para conocer la situación general de los actuales autores de fantasía y c-f chilenos, y que tienen la difícil misión de llenar con su obra los enormes vacíos culturales existentes.

En este maremagnum de ideas y citas, desde Allen Ginsberg y Leonardo hasta Los Simpson , desde los Pitufos y los Transformers hasta Marx, Shrödinger y Heisenberg, por nombrar sólo algunos; en este registro autobiográfico y fantástico a la vez, Amira ha dejado un testamento de la época en que le ha tocado vivir, de sus camaradas de letras de c-f (citados en clave con sus obras e ideas) y de la lucha constante, difícil e incomprendida del artista, a riesgo de caer en la desesperación que conduce a la locura (otro de los niveles en que puede leerse este libro).

“Somos esos que expusieron sus cerebros al Cielo y vieron querubines tambaleándose en los techos de farmacias y peluquerías. Somos los llamados a proteger un mundo que nos odia y nos teme. Somos aquellos que soñaron y encarnaron brechas en el Tiempo y Espacio y a través de imágenes yuxtapuestas, que atraparon el soplo del alma y unieron los verbos elementales al tiempo que saltaban con sensación de Pater Omnipotens Aeterna Deus para recrear la sintáxis y medida de la patética prosa humana.” (pág. 97)

Y si queda alguna duda sobre su genealogía, especifica posteriormente:

“Somos Rosencarntz y Guildenstern haciendo payasadas tras el telón de la “gran historia”, somos la Liebre y el Sombrerero Loco, la Morsa y el Carpintero. Somos personajes de cartón piedra, somos Banner y Hulk, somos los hijos del átomo; somos letras no articuladas del alfabeto escrito por un dios inepto y ciego, somos seguidores de Cthulhu y de Sixto Paz, somos luchadores de la WWF; la Roca y el Undertaker, somos los zombies del Resident Evil, somos los agentes de Interzona y los Hombres de Negro.” (pág. 98)

“Identidad suspendida” es esto y más, el real “nódulo akhásico” mencionado en la novela. Un testamento, decíamos, de una lucidez que por lo febril parece a veces no ser tal, pero cuya lectura, incuestionablemente, aparte de su erudición y riqueza narrativa, se hace necesaria para comprender el momento histórico y trascendental por el que pasa la literatura fantástica chilena.

Sergio Meier, 2007



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